Desde los 18 años el lápiz ha sido la principal ‘arma’ de Zuhal Sherzad en un país, Afganistán, donde las mujeres tienen muy restringidos sus derechos. Desde el exilio, ahora trabaja en Ponts per la Pau por los derechos de las niñas y mujeres de Afganistán.
- ¿Qué recuerdos tienes de tu infancia en Afganistán?
Crecer en un país como Afganistán comporta ciertas experiencias. Por ejemplo, yo siempre he oído hablar de explosiones o he visto emigrar a mis familiares a causa de los conflictos en mi país.
Asimismo, recuerdo mi educación como un capítulo muy bonito. Gracias a la fuerza de mi padre y de las personas que he conocido, como Nadia Ghulam, desde muy pequeña entendí el significado real de la educación y su importancia. Mi padre solía decir que si toda la sociedad tuviera educación, no habría tanto conflicto, porque la falta de educación implica que la sociedad tiene problemas.
- ¿Cómo cambió tu vida cuando el régimen talibán llegó al poder?
En el 2021 yo tenía dieciocho años, un momento en el que tienes muchos sueños, piensas si quieres ir a la universidad, planeas cómo será tu futuro… Pero cuando los talibanes llegaron al poder me di cuenta de que nunca se haría realidad. Y no se trataba solo de mí, sino de los sueños de toda la gente joven de mi país, que de repente cambiaron. Fue como una oscuridad que lo tapó todo.
Por supuesto, al principio sentí decepción por la situación del país y por la opresión sobre las mujeres, pero después formé parte del equipo de Ponts per la Pau coordinando la red de escuelas clandestinas y decidimos que, pese al régimen talibán, el silencio no era una opción.
Era momento de empezar una revolución: hacer que las mujeres pudieran seguir estudiando, y creamos las escuelas clandestinas.
- ¿Y cómo hizo esto?
Tuvimos que organizar escuelas clandestinas: dividimos a las mujeres en grupos, hacíamos calendarios específicos y teníamos protocolos para garantizar la seguridad de las chicas y las profesoras.
Esto no sería posible sin la colaboración de las familias de las chicas, del profesorado, de Ponts per la Pau. Por ejemplo, Nádia Ghulam siempre nos ha apoyado y durante algún tiempo hemos tenido que detener las clases y las actividades, pero siempre lo acabamos poniendo en marcha de nuevo.
Con las escuelas clandestinas tienen un lugar al que ir