No hay recetas mágicas ni universales, esto es una de las cosas que vamos aprendiendo cuando nos convertimos en madres o padres, o en monitores/as o maestros. Educar es un ejercicio de paciencia, de autoconocimiento, de transformación personal, de implicación emocional, de descubrimiento y aceptación del otro, de abrazar la incertidumbre, de resiliencia, de límites, de reformulación de los límites, de creatividad, fantasía, ilusión, sorpresa,… pero sobre todo, educar es respetar . Y es que cada vez están más de moda las expresiones como «educación respetuosa», «educación lenta», «educación sin gritos», «comunicación no violenta», «crianza feliz»… ¿acaso es que vayamos…